TERCER PERIODO
Tercer periodo: La caballería seglar:
Después de las Cruzadas la caballería perdió gradualmente su aspecto religioso.
En este, su tercer periodo, el honor permanece el culto peculiar de la
caballería. Este espíritu se manifiesta en las muchas hazañas caballerescas que
llenan los anales de la larga contienda entre Inglaterra y Francia durante la
Guerra de los Cien Años. Las Crónicas de Jean Froissart dan una descripción vívida
de esta época, donde las batallas sangrientas se alternan con torneos y
suntuosos desfiles. Cada país contendiente tiene sus héroes. Si Inglaterra se
ufanaba de las victorias del Príncipe negro, Caudos, y Talbat, Francia podía
jactarse de las proezas de Du Guesclin, Boucicaut, y Dunois. Pero con toda la
brillantez y hechizo de sus logros, el principal resultado era un inútil
derramamiento de sangre, desperdicio de dinero y miseria para las clases más
bajas. El carácter amoroso de la nueva literatura había contribuido mucho a
desviar la caballería de su ideal original. Bajo la influencia de los romances,
el amor se convirtió ahora en la causa principal de la caballería. Como
consecuencia surgió un nuevo tipo de caballero, consagrado al servicio de alguna
dama noble, quien podía incluso ser la esposa de otro hombre. Este ídolo de su
corazón iba a ser reverenciado a la distancia. Desafortunadamente, a pesar de
las obligaciones impuestas sobre el amante caballeresco, estas fantasías
extravagantes a menudo llevaban a resultados lamentables.
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