SEGUNDO PERIODO
Segundo periodo: Las órdenes militares:
Después de la conquista de Jerusalén, la necesidad de un ejército permanente
llegó a ser apremiante para prevenir la pérdida de la Ciudad Santa a manos de
las naciones hostiles circundantes. De esta necesidad surgieron las órdenes
militares, las cuales adoptaron como un cuarto voto monástico el del combate
permanente contra los infieles. La caballería alcanzó su apogeo en estas
órdenes, donde se realizó la perfecta fusión de lo religioso y el espíritu
militar. Este espíritu heroico tuvo también sus notables representantes entre
los cruzados seglares, como Godofredo de Bouillon, Tancredo de Normandía,
Ricardo Corazón de León y sobre todo Luis IX de Francia, en quien la caballería
estuvo coronada por la santidad. El voto caballeresco, al igual que el
monástico, unía con lazos comunes a guerreros de toda nación y condición, y los
alistaba en una enorme fraternidad de maneras, ideales y metas. Al igual que la
regular, la hermandad seglar tuvo su regla imponiendo a sus miembros fidelidad
a sus señores y a su palabra, juego limpio en el campo de batalla y la
observación de las máximas de honor y cortesía. Además, la caballería medieval
abrió un nuevo capítulo en la historia de la literatura. Preparó el camino y le
dio una pronta circulación a un movimiento épico y romántico en la literatura
que reflejaba el ideal de la caballería y celebraba sus hazañas y logros.
Provenza y Normandía fueron los centros principales de esta clase de literatura,
la cual divulgaron por toda Europa los trovadores y compositores de poemas.

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