miércoles, 19 de marzo de 2014

RELIGIOSO
En la ceremonia de conferir la caballería, la Iglesia participaba a través de la bendición de la espada, y en virtud de esta bendición la caballería asumió un carácter religioso. En el cristianismo primitivo, aunque la enseñanza de Tertuliano de que el cristianismo y la profesión de las armas eran incompatibles fue condenada como herética, la carrera militar era considerada con poco agrado. En la caballería, la religión y la profesión de las armas se reconciliaron. Este cambio de actitud de parte de la Iglesia data, según algunos, desde las Cruzadas, cuando los ejércitos cristianos por primera vez se dedicaron a un propósito sagrado. Aún antes de las Cruzadas, sin embargo, un anticipo de esta actitud se encontró en la costumbre llamada "Tregua de Dios". Fue entonces que el clero aprovechó la oportunidad ofrecida por estas treguas para exigir a los rudos guerreros de los tiempos feudales un voto religioso de usar sus armas principalmente para la protección de los débiles e indefensos, especialmente mujeres, huérfanos y de las Iglesias. La caballería, en el nuevo sentido, se sustentó en un voto, fue este voto el que dignificó al soldado, le elevó su auto-estima, y lo elevó casi al nivel del monje en la sociedad medieval. Como correspondencia a este voto, la Iglesia decretó una bendición especial para el caballero en la ceremonia llamada en el Pontificale Romanum, "Benedictio novi militis". Al principio muy simple en su forma, este ritual gradualmente se desarrolló en una ceremonia elaborada. Antes de la bendición de la espada sobre el altar, se le requería al aspirante muchos exámenes preliminares, tales como la confesión, una vigilia de oración, ayuno, un baño simbólico y la investidura con una túnica blanca, con el propósito de imprimir en el candidato la pureza del alma con la cual entraría a tan noble carrera. Arrodillado, en la presencia del clero, pronunciaba el voto solemne de la caballería, al mismo tiempo muchas veces renovaba las promesas bautismales; el escogido como padrino lo golpea levemente en la nuca con una espada (armar caballero) en el nombre de Dios y San Jorge, el patrono de la caballería.

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