miércoles, 19 de marzo de 2014

LA CABALLERÍA

La caballería (derivada a través del francés cheval del latín caballus) como una institución se considerará desde tres puntos de vista: el militar, el social y el religioso. Consideraremos también la historia de la caballería como un todo.


RECOMENDACIONES DEL LIBRO
El libro que recomendamos y que describe de una forma muy detallada las características de la caballería es "Don quijote de la mancha".
Es un libro muy interesante que cuenta acerca de como un caballero era en la edad media y de como actuaba respecto a cada situación que se le presentaba.
MILITAR
En el sentido militar, la caballería fue la caballería pesada de la Edad Media la cual constituyó la principal y más efectiva fuerza marcial. El caballero o chevalier era el soldado profesional de la época; en el latín medieval, la palabra ordinaria miles (soldado) era equivalente a "caballero". Esta supremacía de caballería fue correlativa con la decadencia de la infantería en el campo de batalla. Cuatro particularidades distinguieron al guerrero profesional: sus armas, su caballo, sus sirvientes y su bandera.
ARMAS
 El ejército medieval estaba pobremente equipado para combate a larga distancia, y todavía se usaban los arcos y ballestas, aun cuando la Iglesia se empeñaba en prohibir su uso, al menos entre ejércitos cristianos, como adverso a la humanidad. De todos modos el caballero medieval los consideraba injustos en combate. Sus únicas armas ofensivas eran la lanza para el encuentro y la espada para el combate cuerpo a cuerpo, armas comunes para ambas, caballería liviana y pesada. La característica distintiva de la última, lo cual realmente constituyó la caballería, estribaba en sus armas defensivas, las cuales variaron con las diferentes épocas. Estas armas fueron siempre costosas de obtener y pesadas para cargar, tal como la brunia o camisote de la época carlovingia, la cota de malla, que prevaleció durante las Cruzadas, y finalmente la plancha de blindaje que se introdujo en el siglo XIV. 
CABALLOS
 No se consideraba a ningún caballero equipado adecuadamente sin al menos tres.
El caballo de batalla, o dexterarius, que se llevaba a mano, y se usaba sólo para el comienzo (de ahí el dicho, "montar el caballo grande” (tomar una actitud arrogante); un segundo caballo, palafrén o corcel, para el camino; y el caballo de carga para el equipaje. 
SIRVIENTES
 El caballero requería de varios sirvientes:
Uno para conducir los caballos,
Otro para cargar las armas más pesadas, particularmente el escudo o escudo de armas (scutum, de aquí scutarius, francés escuyer, escudero);
Otro más para ayudar a su amo a montar su caballo de batalla o para levantarlo si era desmontado;
Un cuarto sirviente para custodiar a los cautivos, mayormente a aquellos de calidad, por quienes se cobraría un gran rescate.


Estos sirvientes, quienes eran de baja condición, no se debían confundir con los asistentes armados, quienes formaban la escolta de un caballero, Desde el siglo XIII los escuderos también iban armados y montados a caballo, y al pasar de un grado a otro, eran elevados finalmente a la caballería. 
SOCIAL
La carrera de un caballero era costosa, y requería de recursos personales para ir al paso de la posición; por lo tanto el caballero tenía que sufragar sus propios gastos en una época cuando el monarca no tenía tesoro ni presupuesto de guerra disponible. Cuando la tierra era la única clase de riqueza, cada señor que deseaba formar un ejército dividía sus dominios en feudos militares, el inquilino era usado para el servicio militar con sus propios gastos personales por un número determinado de días (cuarenta en Francia y en Inglaterra durante el periodo normando). Estos honorarios, como otras concesiones feudales, llegaron a ser hereditarios, y de este modo se desarrolló una clase noble, para quienes la profesión caballeresca era la única carrera. Sin embargo, la caballería no era hereditaria, aunque sólo los hijos de un caballero eran elegibles para sus rangos. En su puericia eran enviados a la corte de algún noble, donde eran entrenados en el uso de los caballos y armas además de enseñarles clases de cortesía. Desde el siglo XIII, a los candidatos que habían obtenido la categoría de escudero se les permitía formar parte en las batallas; pero era sólo cuando habían llegado a la edad, comúnmente a los veintiún años, cuando eran admitidos al rango de caballero a través de una ceremonia peculiar llamada "armar caballero". Cada caballero era apto para conferir la caballería, siempre que el aspirante llenara las condiciones requeridas de linaje, edad y entrenamiento. Cuando faltaba la condición de linaje en el aspirante, el monarca únicamente podía crear un caballero, como parte de su prerrogativa real.